Editorial

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En un primer paso hacia las restricciones de las ayudas electrónicas a los pilotos, a partir de Spa está prohibida la comunicación por radio que indicaba a los pilotos el ajuste automático del embrague a la hora de largar. Para decirlo con palabras sencillas, cuando uno está preparado para largar, cuenta con una cierta cantidad de agarre disponible tanto en los neumáticos como en la pista, y se trata de aprovechar lo más posible todo ese agarre. Ahora bien, se necesita tener dedos mágicos y una habilidad insuperable para juzgar con el tacto cuál es el punto exacto, y todo sucede muy rápido, por lo cual un comienzo perfecto radica en soltar el embrague, que se cierra en el punto óptimo que ofrece exactamente la cantidad correcta de torque, de tal manera que el neumático no patine. Eso se lograba gracias al trabajo del equipo durante el fin de semana, tratando de juzgar exactamente cuánto agarre había disponible gracias a la electrónica, que le indicaba al piloto en qué punto debía ubicar el embrague, para luego soltarlo y largar. Ese ajuste era algo que sucedía sin que interviniera el piloto. El hecho es que hay dos paletas de embrague, una que lo mantiene totalmente abierto, y la otra que se sostiene en una posición parcialmente cerrada y abierta. Los ingenieros ajustaban el embrague para que esa posición parcialmente cerrada y abierta se mantuviera exactamente en el punto justo para conseguir un arranque ideal. Y luego, cuando se apagaba la luz verde, es decir en el momento de la partida, se soltaba el primer embrague, el otro se cerraba hasta el punto preciso con la segunda paleta, y el auto partía. Ahora bien, todo eso ha cambiado: los ingenieros ya no pueden indicar los ajustes al piloto, y ni siquiera asesorarlos al respecto para iniciar la carrera durante la vuelta de calentamiento. Todo lo debe hacer el propio piloto, quien es el único que juzga si el embrague está lo suficientemente cerrado o abierto, mientras desde el pit-lane los ingenieros se agarran la cabeza diciendo: “Oh no, por favor no hagas eso…”, pero ya ningún poder puede detener a los pilotos.


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